Fracturas vertebrales

Una fractura de la columna vertebral, también llamada fractura vertebral​​ o fractura de espalda, es una fractura que afecta las vértebras de la columna vertebral. La mayoría de los tipos de fracturas de la columna vertebral confieren un riesgo significativo de lesión de la médula espinal.

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Las fracturas vertebrales ocurren cuando uno o más huesos de la columna vertebral (vértebras) se rompen o colapsan debido a un trauma o una afección subyacente. Las causas más comunes incluyen:
  1. Trauma o lesiones:
    • Accidentes automovilísticos.
    • Caídas desde alturas significativas.
    • Lesiones deportivas de alto impacto.
    • Golpes directos en la espalda.
  1. Osteoporosis:
    • La causa más común de fracturas vertebrales en personas mayores, especialmente en mujeres posmenopáusicas. La disminución de la densidad ósea hace que las vértebras se vuelvan más frágiles y propensas a fracturarse, incluso con traumas menores o simplemente al levantar objetos ligeros o toser.
  1. Cáncer o tumores vertebrales:
    • Ciertos tipos de cáncer (como el cáncer de mama, pulmón o próstata) pueden diseminarse a las vértebras, debilitándolas y haciéndolas más propensas a fracturarse.
  1. Uso prolongado de corticosteroides:
    • Estos medicamentos pueden debilitar los huesos con el tiempo, aumentando el riesgo de fracturas vertebrales.
Los síntomas de una fractura vertebral varían según la gravedad de la fractura y su ubicación. Los síntomas más comunes incluyen:
  • Síndrome de compresión medular
  • Síndrome de cola de caballo
  • Síndrome de cono medular
  • Dolor de espalda agudo: Generalmente, es el síntoma principal. El dolor suele ser repentino y puede empeorar con el movimiento.
  • Dolor irradiado: En algunas fracturas, el dolor puede extenderse hacia las extremidades, dependiendo de la ubicación y el tipo de fractura.
  • Pérdida de altura: Las fracturas por compresión pueden hacer que el paciente pierda altura a medida que las vértebras colapsan.
  • Deformidades en la columna: En fracturas severas, puede desarrollarse una cifosis o una curvatura anormal en la columna, comúnmente llamada «joroba».
  • Dificultad para moverse o caminar: Las fracturas graves pueden afectar la movilidad o causar una gran rigidez.
  • Entumecimiento o debilidad: Si la fractura comprime los nervios o la médula espinal, puede haber entumecimiento, hormigueo o debilidad en las extremidades.
El diagnóstico de una fractura vertebral implica una combinación de examen físico y pruebas de imagen. Los pasos más comunes para diagnosticar una fractura son:
  1. Examen físico: El médico evaluará los síntomas, como dolor al tacto en ciertas áreas de la columna, deformidades o signos de compresión nerviosa.
  2. Radiografías: Las radiografías permiten visualizar las vértebras y son útiles para identificar fracturas por compresión y otras anomalías óseas.
  3. Tomografía computarizada (TC): Proporciona una imagen más detallada de la columna vertebral, útil para evaluar la extensión y localización precisa de la fractura.
  4. Resonancia magnética (RM): Es especialmente útil para identificar lesiones de los tejidos blandos, incluyendo discos intervertebrales y nervios, así como para detectar si hay daño en la médula espinal.
  5. Densitometría ósea: Si se sospecha que la causa de la fractura es la osteoporosis, una densitometría ósea puede determinar la densidad ósea y evaluar el riesgo de futuras fracturas.
El tratamiento de una fractura vertebral depende del tipo, la gravedad y la causa de la fractura, así como del estado general del paciente. Los tratamientos pueden ser conservadores o quirúrgicos.

Manejo inicial:

  1. Uso de corsés: Estos dispositivos estabilizan la columna y limitan el movimiento, permitiendo que las vértebras sanen.
  2. Medicamentos para el dolor: Analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) se prescriben para controlar el dolor.

Tratamientos quirúrgicos:

  1. Fusión vertebral y estabilización: Si hay inestabilidad significativa o daño en varias vértebras, puede ser necesario fusionar las vértebras afectadas mediante el uso de tornillos y placas.
  2. Descompresión quirúrgica: En casos donde la fractura está comprimiendo la médula espinal o los nervios, es posible que se necesite una cirugía para liberar la presión y prevenir daño neurológico.
  3. Aumentación ósea: Son procedimientos mínimamente invasivos donde se inyecta cemento óseo en la vértebra fracturada para estabilizarla y reducir el dolor. En la cifoplastia, se utiliza un balón inflable para restaurar la altura de la vértebra antes de la inyección del cemento.
Ignorar una fractura vertebral o no tratarla adecuadamente puede llevar a una serie de complicaciones graves:
  • Dolor crónico: La falta de tratamiento puede resultar en dolor persistente que empeora con el tiempo.
  • Deformidad en la columna: Las fracturas por compresión no tratadas pueden llevar a deformidades permanentes, como la cifosis, lo que genera problemas posturales y limita la movilidad.
  • Inestabilidad de la columna vertebral.
  • Pérdida de movilidad: Las fracturas graves pueden limitar significativamente la capacidad de moverse o realizar actividades cotidianas.
  • Daño neurológico: Si la fractura afecta la médula espinal o los nervios circundantes, puede provocar entumecimiento, debilidad o incluso parálisis.
  • Mayor riesgo de futuras fracturas: Una fractura vertebral aumenta el riesgo de sufrir nuevas fracturas, especialmente si la causa subyacente es osteoporosis.